domingo, 19 de marzo de 2017

Carta a mí misma: para no olvidar lo que se siente, cuando ya no se siente nada.

Me urge la imperiosa necesidad de escribirte, de escribirnos, de plasmar lo que siento en este preciso instante antes de que se desvanezca. Nunca me he sentido peor. Todos los sucesos se han ido descubriendo uno a uno, como piezas de dominó cuyo mecanismo yo misma hubiera accionado. ¿Qué fue antes: la primera decepción o la tristeza sin medida? ¿Me siento así por las experiencias vividas? ¿O mi manera de percibir dichas experiencias se debe a mí ánimo decaído, a mi falta de energía y de fuerzas?
Ahora mismo, en este preciso instante, sólo soy capaz de sentir vacío, desesperanza, impotencia, soledad. Todo ello junto, revuelto, indistinguible dónde terminan las ganas de encerrarme en mí misma y aislarme del mundo, y dónde empiezan las ganas de gritar, pedir ayudar, sacar la rabia contenida. No entiendo nada, hace tiempo que no entiendo nada de lo que ocurre a mi alrededor. Me alejo del mundo conocido, porque ya no recuerdo cómo me relacionaba con él hace un año. He ido alejando personas, evitando conflictos, barriendo sentimientos debajo de una alfombra donde el polvo y la decepción han terminado por ocupar toda la habitación. ¿Hay alguien ahí? ¿Sigues conmigo? Yo no quiero que te alejes, pero es cierto que no sé cómo quedarme. Necesito que entiendas esto, necesito que entiendas que no tengo fuerzas ni para levantarme de la cama, que me quedo horas rumiando mis propios pensamientos. No paro de imaginarme escenas tristes donde el tema siempre es el mismo: el abandono o el rechazo. Me imagino todo aquello que temo que suceda, todas las maneras en las que la gente que quiero se acabará distanciando, alejándose, quizás para siempre, por no entenderme. ¿O soy yo la que no se explica? ¿Es culpa mía no haberte sabido expresar cuánto necesito que te quedes? ¿O acaso tú nunca te has preocupado tanto como me decías? Quizás la culpa no haya sido de nadie, tan sólo una serie de eventos desafortunados que abocaron en lo que ahora somos: nada.
Hace tiempo que sólo soy capaz de saborear tu silencio. Vuestros silencios. Y siento en mi piel todos los abrazos que ahora mismo necesitaría, los que me disteis cuando todo iba bien, cuando yo estaba en paz con mi propio mundo, cuando no me había desviado de mi propia vida. Esa parte de mí que os indujo a compartir mis días, a permanecer a mí en los vuestros. Apoyarnos, ayudarnos, impulsarnos. Todos vosotros, todos vosotros estáis situados ahora mismo tras un cristal empañado, una bruma borrosa cuya procedencia tan sólo puedo adivinar que esté en mi propia mente. ¿Me estoy protegiendo a mí misma de lo que me hace daño? ¿O me estoy aislando?
Yo no puedo ir a buscaros, de verdad que no puedo. Sé que resulta difícil de explicar, ya que tan sólo son unas palabras, tan sólo es aire expulsado, tan sólo es pedir ayuda. Pero, no puedo. Sé que no lo comprendéis, porque yo misma no lo entendía hasta que me ocurrió. No me salen las fuerzas para pediros que os quedéis, que no me dejéis con esta soledad que me aprisiona el pecho, que cada día me deja menos espacio para respirar. Es vuestra decisión el permanecer o no al lado de alguien a quién ahora asumís distante, asumís cambiada, asumís que si yo no me acerco, es porque no quiero, si no me expreso, es porque ya no tengo nada que deciros. Asumís. Y asumís de más. Tantas personas que no sé si algún día regresarán, tantas incógnitas acerca de por qué no quisieron quedarse, por qué no supieron, por qué las alejé.
¿Cuánta tristeza puede llevar a la espalda un corazón antes de romperse? ¿Cuánto se tarda en cortar el hilo de pensamientos tóxicos, levantarse de la cama y sacar fuerzas para cambiarlo todo? ¿El problema soy yo? ¿Son los demás? Yo ya no entiendo nada, se apagan las ganas, y se difuminan los días. El tiempo ahora tan sólo es una sucesión inexorable, una rutina implacable, una desgana tatuada en la pupila.
Se enfrentan en mi interior dos egos igualmente testarudos. Por un lado están los pensamientos que no dejan de recordarme cuánto quiero hacer, cuánto podría estar haciendo ahora si no estuviera dedicando tiempo a autodestruirme, cuántos planes podrían hacerme sentir mejor. Por otro lado, están los pensamientos que me recuerdan que, no sólo todo está mal, sino que irá mucho peor, que la vida ahora me trata con tibieza, pero en cuanto todo el mundo termine por alejarse, tendré que enfrentarme conmigo misma, frente a frente y no me quedará más que preguntarme… ¿Qué te has hecho? ¿Cómo has podido perder tanto, perder a tanta gente, alejar a quienes trataban de acercarse? Has sido mezquina, esquiva, huidiza. Nadie quiere estar cerca de una persona así.
¿Entiendes ahora por qué me hundo? ¿Por qué desaparezco? ¿Entiendes que no puedo acercarme a ti, porque yo misma me impido avanzar? Yo misma me hiero física y mentalmente, yo misma me castigo por no ser suficiente, me reprocho que todo el que se va lo hace porque no tengo nada que ofrecer y… Mejor no dejar que nadie se acerque: todo el mundo se acaba yendo. Déjame consumirme, deja que me desvanezca, así todo dejará de doler. 

¿Por qué te has ido?

Yo nunca quise echarte.

No quería salpicarte con mi dolor.

No te has quedado.

¿No supe cuidarte?

No puedo dejar de pensar.

Quiero que me deje de consumir la tristeza.

Me lo merezco.

¿Quién me va a querer así?

No te acerques, que duele.

No te alejes, que duele.

Tengo miedo.

¿Me estoy volviendo loca?

Ya nunca estoy en calma.

Deja de doler, por favor.

Ya no puedo más.

Vuelve.

No me reproches nada.

Yo no sé cómo volver.

Ayúdame, por favor.

Yo no sé salir. 

domingo, 5 de julio de 2015

Día diez:

Según mi calendario hoy es el día diez de febrero de un año cualquiera; poco me importa ya el inexorable movimiento de las manecillas del reloj, el paso del tiempo. Lo único que recuerdo es que hoy, día diez de febrero, han transcurrido seis meses desde que partiste en busca de un sitio al que poder llamar hogar. Las paredes de mi cuarto se encuentran yermas desde que no guardan el eco de tu voz. Antes, al despertar, me encontraba inundada la sala de una diáfana luz, a veces me daba por pensar que me había dormido más de la cuenta y que llegaría tarde al trabajo, luego averiguaba que eras tú el que irradiaba una claridad tal que oscurecía los rayos solares tras las cortinas; parecía como si al sol le hubiera dado por amanecer en mi cuarto todas las mañanas que tú te quedabas a mecer el sueño entre mis sábanas. Necesito una ducha de realidad. Esconder bajo la piel las emociones. Si te nombro, te desvaneces, y mi banal existencia deja de ser una sombra de tu despedida, para pasar a evocar el ritmo de mis caderas sobre tu cuerpo. 
Hay personas demasiado desquebrajadas por la vida, como para dejarse acariciar por ella; yo soy una de esas personas. Mis cuarenta y pico años no pesan tanto como los daños que se van acumulando en cada surco que recorre mi rostro. Son heridas del alma expuestas a modo de escaparate en la piel. Antaño, gustaba pensar que, una vez alcanzara la madurez, todas las arrugas se me antojarían historias heroicas que relatar a mis nietos en las gélidas noches de invierno. Ahora, a las puertas de la senectud, me doy cuenta de que el invierno con el que tanto fantaseaba se ha convertido en una estación permanente bajo mi piel. Por ello temo al espejo; temo cualquier reflejo del fondo de mis ojos que me recuerde el gran vacío que yace en mi interior. Antes, tu presencia, tu mera existencia, me abrazaba un poco de este vacío que apesta tanto a tu falta.
Siempre te había exigido como requisito único que pudieras salvarme de mí misma, y eso hacías. El error capital fue no acudir en tu rescate cuando tú te ahogabas entre tus propios fantasmas. Ahora, en la cumbre de mi vida profesional, sigo asiendo la cuerda que debió sacarte de ese vacío y mantenerte a mi lado. Ahora sí, con más daños que años, me enorgullezco más bien poco de que ambas cifras hayan tenido que crecer de manera directamente proporcional para, a su vez, conseguir aumentar la cifra bancaria, pero, ¿para qué?
Quizás mañana, todas estas líneas que me he decidido a escribir no sirvan más que para alimentar el fuego; un fuego que arde y me abrasa los recuerdos. Intento plasmar mis sentimientos en unas pocas líneas para aferrarme a los “punto y seguido”, para encontrar en mis propios trazos un motivo por el que no desvanecerme en la estela de tu perfume en la esquina de cada calle. 
Intuyo que hoy no será un buen día. Supongo que no. Quizás mañana todo vaya mejor. Ojalá llegue pronto la primavera. Ojalá entonces todas tus pisadas sobre mi piel florezcan y pueda, por fin, mirarme al espejo sin imaginarme tus pestañas acariciando cada poro de mi piel.

viernes, 27 de febrero de 2015

Te pienso en verso.

Yo sólo quiero que existas. Que seas. Que creas. Que crees mil y un lugares donde dibujarte esperanzas, donde pintar con acuarelas ríos de pasión. Lugares donde beber de tu mente, desnudar tus ideas, perderme en tus sin sentidos. Busco que me busques, y que me encuentres. Ponerme a tiro de piedra fingiendo casualidades, que no son más que trampas inocentes, para que un día, tu corazón tropiece con el mío, se agarre a él, y ya no pueda soltarlo.

Salvarte de ti mismo mientras me salvas de mis fantasmas. Ser un paracaídas, un colchón, una ilusión donde descanses ese cuerpo tan lleno de algo que se tiñe de irrealidad. Todo esto es un espejismo de algo que parece tan de verdad... Todo tu ser es tanto que a veces siento que al tocarte podrías desvanecerte, dejándome de nuevo a solas con el silencio. Y no es lo mismo un silencio sin ti, que un silencio contigo; porque lo primero asusta y da miedo pero, lo segundo, despierta cada uno de mis sentidos, abre cada uno de mis poros, llena cada hueco de la descosida alma tan llena de tu ausencia, de tu vacío. 

Voy dibujando trazos de poemas que escribirte. Te pienso en verso, en risa, en sueño, en beso... Te pienso. Te espero, parando las manecillas del reloj para que el tiempo no pase y no sienta que te me escurres por entre los dedos, tu inefable existencia: un regalo.

Todos somos polvos de estrellas, según Carl Sagan, pero tú eres polvo de deidades, de oro, de sueño. Tú, eres tú, y con eso llega para iluminar un camino sembrado de esperanzas, de ganas de querer, de querer sentir. Puedes enseñar a vivir, a creer. A creer en algo más que el simple pasar del tiempo, algo más que en las casualidades de un simple roce de almas a través de miradas en un andén un lunes cualquiera por la mañana. Construyes muros de sabiduría, elevas el ser a lo más alto. Me descubres descubriéndome en ti, y yo, agacho la mirada, como si me diera vergüenza que vieras en el reflejo de mis espejos cómo bebo cada una de tus palabras, cómo dejo que cada uno de tus suspiros lleguen a mi ser, y se instalen. Llenándome de un aire tan puro, tan lleno de ti, que me embriaga. 

Cómo no seguir creyendo, si existes. Si eres. Si estás. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Para Ana:

Si me voy a estrellar en la curva de tus caderas, no dejes que se rompan tus seguridades contra el hueso afilado lleno de sacrificios. Si voy a perder la cordura recorriendo tu espalda con la yema de mis dedos, no dejes que utilice tus costillas como teclas de un piano. Si me vas a dejar llenarte de mi más puro y genuino amor, procura no acentuar el hueco entre tus muslos: Dejas que se escapen las palabras y los versos entre ellos. Si vamos a pasar cada noche de invierno intentando quitarnos el frío de la piel, no dejes que mi boca choque contra tus huesos; eso me hiela por dentro.

El valle entre tus dos montañas era hogar de dos corazones; ahora me encuentro frente a una llanura que ya no es reconfortante, ya no es cálida. Hay dos corazones, pero uno de ellos, se está muriendo. Los únicos surcos de tu rostro antes eran producto de la fuente de mi vida: Tu sonrisa. Parece ser que el cambio de estación se los ha llevado, dejando tras de sí el surco marcado de tus lágrimas. Tu cascada de cobre y oro ahora sólo lleva hojas secas. Tus vidrieras, reflejo de los ríos llenos de vida, envejecen, transparentan el fondo de tu alma; ahora sólo muestran un agua estancada, un río en calma que acumula dolor, marchitando cada oportunidad que llega.

Si buscas alegrarme la vida, no pretendas conseguirlo destruyéndote a ti misma. No me hace feliz ver como cada día tengo más hueco en la cama, porque tú ocupas menos.

domingo, 15 de junio de 2014

Am(arte).

Amar es encontrar,
perder (el control);

acertar,
tropezar (con tus pestañas);

soñar,
crear (ilusión);

despegar,
aterrizar (en tu piel);

aprender,
olvidar (tu ausencia);

comunicar,
gritar (con la mirada);

besar (para callar),
callar (a besos).

Amar es presente,
pero, sobre todo,
es la esperanza de un futuro.

sábado, 7 de junio de 2014

La nostalgia del séptimo día.

Desde que me dejaste ya no sigo la misma melodía. Ya no miro de la misma manera, ni guardo con cautela mis palabras. Los espejos ya no son enemigos en las noches de nostalgia. Ahora son puertas que pintan el mundo de otro color, a través de los que mirarme fijamente a los ojos y decirme "eh, mira, después de todo, seguimos aquí".

Desde que ya no "somos", mi piel se ha fundido con la pluma, los folios son ahora el reflejo de mi alma, escribo historias, describo sentimientos y belleza; mis lunares también pueden contarte alguna que otra historia nueva, y las yemas de mis dedos han explorado sin miedo más mundo, desde que me dejaste.

He descubierto, desde que soy "yo", que el miedo no es algo que debiera estar a la orden del día. Fíjate, resulta que hay personas capaces de criticarte sin hundirte, de apoyarte sin apartarse de repente, precipitándote en una caída en la que... Sálvese quien pueda. Resulta que existen personas capaces de ver belleza en las ojeras un domingo por la mañana, y gente capaz de curarme las heridas internas a base de besos y no de reproches.

Desde que "no eres tú, soy yo", he aprendido que "tú" estás mucho mejor lejos si no eres capaz de despertarme por dentro. Ha llegado a mi vida gente llena de luz, con un pico y una pala, dispuestos a reconstruir todo aquello que tú destrozaste. Me convertiste en caos. Por suerte, hay gente capaz de convertir mi caos en arte.

¿Y ahora qué, desde que me dejaste? Ahora, es una nueva vida. Resulta que sí que soy fuerte, y sí que puedo hacerlo. Pero, ¿a que no sabes qué? El fallo estaba en que tú no creías en mí. Nunca lo hiciste y nunca te interesó, no fuera a ser que pudiera ser mejor que tú en algo.

Ahora escribo, la gente me lee, y me entiende y, a veces, consigo emocionar. Resulta que hay personas que son poesía pura, personas que son lienzo, que son arpa, y estoy aprendiendo a tocar, a seguir otras melodías diferentes a la tuya. Melodías que esperan, melodías con paciencia, melodías que, si te caes, no siguen caminando sin ti, si no que te agarran del corazón con fuerza para que no se rompa, y te levantan.

Tú me habías dicho que un cuerpo bonito marca la diferencia, pero no me dijiste que había sonrisas que son paisajes, ni miradas que son faros de luz. Claro, tú habías dejado de mirarme, por temor a que leyera la verdad en el fondo de tus ojos.

Tú me decías que se me iba a escapar la vergüenza por debajo de la falda, pero sólo era porque no soportabas que otros dibujaran con la mirada mi silueta. De lo que no me avisaste era de que se me iba a perder el tiempo por entre los remiendos de mi corazón.

Pero eh, mírame, además, desde que me dejaste, he aprendido a bailar.

jueves, 29 de mayo de 2014

Tú disparaste primero.

Manchas de café mis sueños. Trepas por las sábanas de mi cama. Te alojas en los rincones de mi cuerpo. Enredas con mi pelo. Enredas con mis ideas, con mis sentimientos. Erizas mi piel a base de caricias, como si de una corriente eléctrica te tratases. Me invades. Poco a poco. Te siendo a 200 km en una noche clara que podría ser de los dos. Te veo a un metro de distancia. Te reconozco porque eres la única persona que prefiere mirar al cielo estrellado antes que apurarse a terminar la botella de ginebra. Te reconozco porque yo solía subir a la azotea de tu edificio y perderme contigo debajo de las sombras de las estrellas. Decías que no te importaba que esta noche no saliera la luna, mientras que de mis labios sí saliera  un beso.

Pero en cuanto tu mirada se cruza con la mía, sé a ciencia cierta que esas estrellas no volverán a formar un manto que esconda nuestro amor ante los vecinos. Tendré que buscarme otra azotea llena de promesas. Lo único que no podré cambiar de esta noche será la intensidad de tu mirada, que te enciende los sentimientos, te desnuda las ideas, consigue hacer que las llamas de la hoguera, al lado de la luz de tus ojos, parezcan simplemente los puntos suspensivos de nuestra historia, que entienden tan poco de ella como yo lo hacía... Hasta conocerla a ella.

viernes, 11 de abril de 2014

Has traído la primavera a mi piel.

Me gusta cuando finjo que estoy enamorada de ti, al igual que me gusta ponerme relojes que no tienen pila, simplemente porque quedan bien. Me gusta cuando me imagino tu lengua recorriendo mi piel, y me gusta pensar que eso me excitaría. Tu nombre queda bien entre las palabras “amor” y pasión”, por eso me gustas. Pero cuando nos cruzamos por la calle no me fijo más en ti de lo que me fijaría en un reloj que no marca la hora. Me gustas porque me sienta bien el amor, al igual que una blusa roja; me sientas bien. Me gustas porque me despiertas por dentro, no porque seas tú, sino por lo que yo he hecho de ti (numen).

Muérdeme la espalda, muérdeme los miedos y caerán al suelo unos cuantos versos escritos por mi piel todas las noches de marzo que me faltaste.

Tu perfume resucita las ganas de querer sentir; pero cualquiera podría ir al supermercado más cercano a comprarse un frasco igual. De hecho, si tiene tanto beneficio, ¿por qué no nos compramos todos el mismo? ¡Resucitemos a la humanidad al completo! El problema sería que, por mucho que usaran tu perfume nunca serían capaces de sonreír de la manera en la que tú sonríes; nadie me miraría con tanta intensidad. La primavera la trajiste tú una tarde de marzo cuando abriste los ojos después de una siesta.

Dime, ¿quién es capaz de provocar un cambio de estación con tan sólo un pestañeo? Has traído la primavera a mi piel.


Al perfume del supermercado tampoco le viene adjunto el hoyuelo que se forma en tu mejilla cuando te ríes, ni el tacto de tu piel intentando quitarme el frío de la noche; y nadie sabría tampoco irse de la manera en la que tú te has ido, casi sin hacer ruido… No vaya a ser que me diera cuenta. 

miércoles, 19 de marzo de 2014

What's going on in that beautiful mind?


Si tuviera que describirte no sabría por dónde empezar. Quizás decir que eres la persona de la que me he enamorado sea un buen comienzo.
Eres el resultado de una química perfecta, un buen libro para leer, eres un atardecer de verano… O de invierno… ¡Qué más da! Tu sonrisa es tan cálida que ya no sé distinguir las estaciones. Se me ha hecho tan dulce el invierno…

Si tuviera que definirte serías un color azul, esperanza, paz, lleno de las mismas esperanzas de las que mi ingenuo corazón se llenó. Rebajas de ilusión en pleno invierno. También podrías ser una playa, una de esas de aguas cristalinas y sol radiante justo en el punto exacto del cielo para crear una sombra bajo una palmera. Bendita sombra, bendito respiro de tu amor, que me llena. Sube la marea cada vez que sonríes, cada vez que me hablas, cada vez... Cada una de tus miradas alimenta mi corazón de ganas de tenerte. Eres mi numen, todo tu caos se me aparece como arte ante mis ojos. Me inundas con tu ser, arrasas con todo lo que llevo dentro, incluso contigo mismo, te guardado dentro de un cajón de mi alma.

Quiero ser parte de ti, quiero conocer cada rincón, dejar un trocito de mi ser en ti. Ser tu lucero, tu luciérnaga en mitad de la oscuridad. Pequeño rayo de esperanza. Resucitas mis ganas de sentir, naufrago en una isla de deseos. Tú, mi salvavidas.

Estoy tan dispuesta a todo, estoy tan dispuesta a ti, que me asusta. Mi objetivo es entenderte, comprenderte, conocer esa complejidad que se esconde tras tu belleza, las historias que guardan las palmas de tus manos, conocer cada uno de los engranajes de tu preciosa mente, amar cada uno de tus rincones, morirme en la comisura de tus labios cada vez que sonríes (¡qué sonrisa!), acercarme aunque sea mínimamente al abismo de tus ojos. Sustituir todo este aire vano por tu olor, por tu perfume.

Hablemos ahora de tu sonrisa. Su belleza es proporcional a los misiles con los que está cargada. Algo muere dentro de mí cada vez que atisba por entre tus pecas. Pero… ¡qué muerte tan dulce! Rezo plegarias a un Dios en el que no creo, busco encontrarte, pero voy en la dirección equivocada, y ¡qué hago yo buscándote por el camino de la esperanza! Has dejado crecer matojos de moras amargas. Voy directa a la caída, una caída inminente, pero ¡qué caída tan dulce! Te esperaré en el cruce de las ganas y la rabia.

Creo en ti a pesar de los peros, de los cómos, de los porqués. Busco en ti la respuesta a pesar de que esquives las preguntas como balas, temeroso, con un solo movimiento de pestañas (persianas que albergan un tesoro).


Vivo enamorada de tu alma, o de tu engaño, vivo enamorada de quién tú has querido ser, de quién vas creando cada día, de quién me muestras; vivo enamorada de esperanzas, de llamadas, de poesía, de palabras. De tus manías, de tus retos, de todos y cada uno de tus pasos, pero, sobre todo, vivo enamorada de tu sonrisa… o, mejor dicho, no vivo, estoy sobreviviendo. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

We could make it better, just you and me.

Hoy, 19 de enero de un año cualquiera, he vuelto a nuestra playa favorita, al lugar exacto donde nos pasábamos horas esperando a que anocheciera, en el punto exacto desde el cual puede atisbarse toda la ciudad. Aún llevo tu colgante rodeando mi cuello, tus recuerdos a modo de abrigo, y el sonido de tu risa como única compañía. Qué corto se me hacía este camino cuando era a tu lado, y qué solitario se ve ahora sin ti; sin tu mano entrelazando la mía se hace mas difícil caminar. El aire frío pesa en los pulmones, pero no tanto como los sueños y las esperanzas pesan en el corazón, que latiendo rápido intenta librarse, una vez mas, sin conseguirlo, de ti.

Han pasado muchos meses desde la última vez que vine a esta ciudad, desde la última vez que te vi. Este sitio esta impregnado de recuerdos, de risas, de largas charlas en cualquier esquina de cualquier calle; pero sobre todo, este sitio me trae tu perfume, cuando me abrazabas y me decías que nunca nos separaríamos, cuando me prometías un futuro, un futuro que ahora es algo extraño sin ti.
Recorro cada rincón de esta ciudad y no puedo evitar oir cada uno de los ecos de nuestros besos, nuestras pisadas algo rápidas, buscando un lugar donde aprovechar los cinco últimos minutos de la noche, donde nuestras miradas pudieran explorar sin temor, donde pudiéramos compartir nuestros sentimientos más sinceros.
Ha pasado tanto tiempo desde entonces, y aún ahora me llega a la boca un sabor amargo; me pregunto si tú también habrás vuelto a nuestro lugar favorito de la ciudad, a nuestro segundo hogar, me pregunto si aún me recuerdas, si recuerdas mi nombre, el color de mi mirada, esa sonrisa que sólo te dedicaba a ti, el lunar que sólo tú conocías. Pienso en las últimas palabras que me dedicaste, el último poema, el último “te quiero”, y pienso si todo aquello sería una broma del destino; “nuestros caminos se volverán a encontrar” me repetía a mi misma mientras el me insistía en que nos volveríamos a ver.
Han pasado muchos meses desde que me arrancaron de tus brazos, y los surcos que las lágrimas habían formado en mi cara se disipan, desaparecen; al igual que desaparecía el frío cuando en un apuro de encontrar nuestros cuerpos nos escondíamos entre las sábanas de tu cama.
Sí, me gusta volver a esta ciudad y recordar todo aquello, todo lo que un día pensé que formaría parte de mi futuro.

Y así fue como un 19 de enero de un año cualquiera, mientras me acercaba a nuestro lugar favorito de esa playa vi que alguien se me había adelantado; la luna se reflejaba en su pelo rizado, y ese jersey tan gracioso aún conservaba un poco de mi perfume. Entonces fue cuando te giraste, no hubo necesidad de cruzar ni una sola palabra, yo sabía que no me volvería a pesar el frío, tus manos me ayudarían a cruzar este camino largo y solitario.

domingo, 15 de abril de 2012

Eight letters, three words, one meaning.

Los domingos son para reflexionar, para escuchar esa canción que tanto te gusta una y otra vez. Para prometerte a ti mismo que a partir de este día, todo será diferente. Acaba una semana, empieza otra.
Todo el mundo cae de vez en cuando, pero el amor siempre estará presente. En cada esquina hay razones para seguir creyendo. Es mirar en el fondo de tus ojos y ahí está, aún sigue brillando. En cuanto cae el sol, te empiezo a echar de menos, y la cama es un mal lugar para estar cuando tú no estás allí. Se cierran los ojos y la imaginación vuela hacia lugares que quizá nunca fuimos capaces de imaginar. Es hora de tomar la situación, de guiar, en vez de ser guiado, ¿no os parece? Imaginaos ser esa persona que siempre quisisteis ser, no me habléis de imposibilidades, de la imposibilidad de cambio, yo no creo en ello. Estoy dispuesta a alcanzar todo esto. Ya no valen las excusas, trato de impresionarte, es cierto. A veces me siento tan enamorada, tan llena de ilusiones, de pensamientos inconexos, y te veo tan lejos y entonces pienso: es esto. Lo que busco, lo que te hace caer, lo que al segundo siguiente te eleva, te ilumina... y vuelve a caer. Sé mi sol. Dedícame canciones, sácame a bailar, dime todas esas palabras que te rondan la mente, miénteme si quieres. Estoy desecha a veces, caigo, y siento que tú caes conmigo. Caemos, lo nuestro desaparece... Pero no tiene porque ser así. Cada día es una buena excusa para empezar de cero, para hacer todo lo que debías haber hecho desde hace tanto tiempo...un buen día para quererte un poco más. Te quiero decir, siempre te quise decir... que las cosas más importantes a menudo son las que no decimos. Que si dudo, no es porque no dude, es porque sé. Si te pregunto una y otra vez lo mismo, no es porque no sepa la respuesta, es porque quiero que me digas la mentira que se esconde detrás. ¿Acaso no la hay? Cuantás películas serán capaces de caber en esta frágil mente. Espero que esta noche vengas conmigo, es una larga noche, vámonos a Los Ángeles, y triunfemos. ¿Por qué no? Tú no eres nadie, yo tampoco; pero en cuanto me crucé con tu mirada, todo cobró un poco de sentido. ¿He nacido en la época equivocada? Necesito un caballero. El destino nos separa, los caminos se distancian, aún queda tiempo, pero cada día es el último día y... ¿cuántos quedan? Cuídame. Te echo de menos aún cuando estás, llámame, quiéreme. No te vayas. Llévame a un café. Me quedo sin fuerzas cuando me encuentro a mi misma rompiéndome poco a poco. Eres como un extraño a veces, y no quiero más tu amor. Pero lo recupero del cubo de la basura porque eres lo que me repara. Aquí es donde se supone que debería estar, ¿cierto? Tengo ganas de cada mañana, darte lo mejor de mí, por si te vas, por si me dejas así. A veces me siento pequeña, indefensa, cuando no llamas. Si pudiera, te lo diría. Tengo un dilema, y tú solucionas todas mis dudas. Sé mi extraño, te necesito cuando me necesitas. Estás a miles de kilómetros y me dices que quisieras estar aquí, entonces te siento junto a mí. Ha sido divertido conocerte, es divertido ir descubriéndote día a día, y que el sol nos descubriera en tu coche aquella mañana. No tenía casi nada que ofrecerte... ahora se podría decir que me he cambiado hasta de nombre. Nuevas ideas, ilusiones, sueños, planes. Sólo te pido que me quieras. Espero que te quedes, tengo la llave, tengo la clave. Espero que los tiempos dorados estén por llegar, y que haya respuesta para todos, y para todo. Que todo cambie, que el mundo gire, que nada resulte lo que parecía ser, y todos nos descubramos a nosotros mismos, que el mundo resulte lejano del de ahora, que se arreglen todos los corazones y todos los hogares. Nadie vivirá más cerca del suelo que del cielo. Iluminemos las noches, son mágicas. La luna esconde un secreto. Que todo cambie, que las mentiras se sustituyan por amor y las personas nunca nos fallen. Que todo cambie, pero que tú, sigas estando aquí. Espero que para cuando todo se haya arreglado, ya esté reparada, esté completa. Que tus sueños se cumplan, que los míos también. De alguna manera, sabré donde estás; de algún modo, estarás aquí, aunque te hayas ido. Y con tu recuerdo, permaneceré, y todo seguirá su ritmo. A veces me sentiré sola, la soledad vendrá a mí; saldrán los recuerdos a flote, pero estaré bien. Después de todas estas noches sin dormir, me sienta bien saber que estás aquí. Siempre has querido un poco más, yo siempre te pido un poco menos. Me quedo atascada en algún punto entre tú y yo. No sé dónde está lo correcto. ¿Acaso importa? Los años taparán las heridas. Dime cómo haces tú para recobrar fuerzas, para querer seguir, para no derrumbarte. No hay mejor imagen, que un amanecer... todo parece detenerse, y allí, junto con la luna, todas las penas se quedan.
Si, el domingo es un buen día para pensar.

viernes, 9 de marzo de 2012

Make a mistake. Learn. Repeat.

Yo creo que el mundo entero se equivoca. "Levántate feliz cada día de ser quien eres", "No cambies por nada ni por nadie", "No cambies nunca"... No creo que ese sea el camino correcto. Todo el mundo quiere aspirar a algo mejor, todo el mundo busca ser alguien, cambiar sus errores, esas pequeñas cosas que no te gustan de ti mismo. El cambio implica avance, evolución hacia algo mejor; aspirar a algo que siempre has querido ser y que, cada vez que te parece que lo rozas con la punta de los dedos, se aleja un poco más.
¿Por qué quedarse estancado en una forma de vida cuando todo puede ir mejor?

Puede que determinado día te levantes y pienses: Tengo todo lo que siempre quise. Pero no siempre va a ser así, habrá días que te levantes y todo tu mundo se te rompa y luego no sepas cómo volver a unir todas las piezas. Es imposible mantenerse constante a lo largo del tiempo, ser la misma persona mientras todo a tu alrededor cambia. Hay que adaptarse a los acontecimientos que te van sucediendo. Incluso alguno de ellos te cambiará radicalmente.
En la definición de ser humano, en algún renglón de esas miles de páginas que podemos escribir para definirlo, aparece la palabra "imperfecto". Por lo tanto sería estúpido querer permanecer dentro de esa imperfección toda la vida. Todos aspiramos a ser perfectos, ¿o no? Esto no tiene porque estar precisamente reñido con "no aceptarse a uno mismo". Puedes aceptarte tal como eres, pero siendo consciente de que existe una mejora; y queriendo alcanzarla.

No estoy de acuerdo con el "No cambies por nada ni por nadie". Es mucho más fácil amoldarte a la personalidad de alguien, que intentar molerlo a palos para que esa persona se adapte a ti. Saber lo que tienes que hacer, cómo tienes que decir determinadas cosas para no ocasionar una Tercera Guerra Mundial (que con toda probabilidad estaría causada por el motivo más insignificante) a veces se convierte en todo un arte; aunque no hace falta un gran talento para adivinar cómo agradar a determinada persona. Todas las personas se suelen regir por el mismo patrón y responderán de manera amable cuando eres caluroso en tu aprobación y generoso en tus elogios. No se trata de ser falso, ni de tener múltiples personalidades; sino que dentro de tu propia personalidad, con cada determinada persona, debes explotar deternimado sector dentro de tus posibilidades. Estoy convencida además, de que si una persona te importa lo suficiente, si te dice que cierto gesto, expresión que tienes le molesta, lo intentarás cambiar.

Todo es mutable, en mi opinión toda personalidad lo es; no siempre es posible un cambio radical, claro está, ni de un día para otro. Pero si un cambio progresivo, que acabe haciéndose notar la diferencia entre el pasado y el presente. Si de verdad quieres ser de una manera, puedes acabar siendo de esa manera, sólo es cuestión de práctica, esfuerzo, empeño y de saber cómo guiar tus actos. Se pueden tardar meses, incluso años, pero la paciencia es lo más esencial.
"Hace 12 años llegaron a preguntar si era muda, ahora mismo, si empiezo a hablar, difícilmente podrás hacer que me calle".

viernes, 27 de enero de 2012

You can stand under my umbrella.

La noche se congela y olvida nuestros besos, nuestras miradas, seguimos hacia delante como podemos, sabiendo que siempre habrá alguien a nuestro lado que nos hagan la caída menos dura, pero que no podrán pararla, y desde abajo, todo se ve distinto. Es difícil y complicado. Cuando consigues lo que quieres, pero en vez de sentirte lleno de satisfacción, no puedes parar de pensar que en cualquier momento, puede irse. ¿Y por qué no puede uno disfrutar del momento? Tengo miedo a volver a caer en los mismos errores, a dar todo lo que antes no fui capaz de dar, a ser todo lo que un día tu quisiste que fuera, pero quizás ahora eso ya no sea suficiente, quizás ahora sea yo la que no encaje en esta historia. Pero si te vas, o si decido que ya no puedo continuar, al menos sabré que comprimí toda nuestra historia en unos pocos atardeceres, mas calmados, ya sin prisas, sabiendo que el destino nos pisa los talones, que es inútil tratar de huir. Me acabaran arrancando de tu lado, y puede que ese futuro sea cercano, por ello quiero llevarte a los rincones más bonitos de esta ciudad, quiero que exploremos juntos terrenos que no conocemos, decirte todo lo que uno vez no me atreví a confesar, y que el tiempo me arrancó de mis labios, al igual que tu compañía, quiero cenar en restaurantes, ver amaneceres, que me digas que nunca me habías necesitado tanto, que la playa sea nuestro segundo hogar, después de la cama. No quiero que volvamos a ser lo que éramos antes, no quiero pensar que en realidad nunca seremos más de lo que fuimos, cuando te fuiste prometí que si volvías haría que el invierno pareciera primavera. Sé que antes de que me dé tiempo a suspirar, a echarte de menos, te habrás ido, y no quiero perder el tiempo pensando en que te echo de menos, cuando aún no te has ido. Ahora que puedo, cada vez que te necesite, iré a buscarte; cada vez que sienta que el mundo se me derrumba, te llamaré. No sé lo que sientes por mí, tampoco sé lo que hay entre nosotros, pero creo que es hora de dejar caer un muro, de aprovechar los últimos minutos que nos quedan.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Y si me quieres olvidar, me marcho yo.

Necesito algo que me llene, algo que me haga ver que cada día cuenta, que es como una gran aventura. Que me haga ver que no importa cuántas veces la vida se me derrumbe a los pies, porque seré capaz de volver a construirlo todo de nuevo.
Me gustaba tanto perderme en tu mirada, intentar descubrir algo más allá, ver el juego de colores cuando el sol hacía que parecieran verdes. Te necesitaba tanto... y aún lo sigo haciendo.
Te echo de menos. No en la manera en la que tú te esperas. No de un modo físico. Sólo añoro la sensación que provocabas en mí. Aún ahora cuando todo ya ha acabado consigues hacerme sentir algo. Consigues que todo tenga sentido. No ese algo que tú crees. Simplemente algo. Te has convertido en mi parte favorita del día. Sencillamente te echo de menos... y necesitaba decírtelo.
Espero que algún día pienses en mí, que pienses en nosotros, en todo lo que éramos, en todo lo que pudimos llegar a ser, que te acuerdes de mí y te preguntes dónde estaré ahora.

El mundo es tan frágil y se derrumba tan fácilmente... que pensar que sólo sea el amor lo que me pueda mantener con condura... y qué pena que justo eso sea lo que me falte. Que paradoja, amor y cordura en una misma frase. Una vez más volvemos a equivocarnos. ¿O es que nunca hemos salido de nuestro error? ¿Estamos haciendo lo correcto? ¿Acaso alguna vez lo hicimos?
Han cambiado muchas cosas desde la última vez que pensé en ti, han cambiado muchos recuerdos, han aflorado muchos errores que creía olvidados… Te sigo necesitando. Ya no busco otras miradas que me llenen, buscar es en vano. Cuanto menos te preocupes, menos tendrás que perder. Siempre quedará un recuerdo de ti en mi, siempre que te vea en mi mente te oiré decir las últimas palabras que me dedicaste… solo a mi.

lunes, 26 de diciembre de 2011

I promised the world to you.

Ahora ya sé cuando algo está acabado, sé cuando parar, sé cuándo no hay que seguir tirando de la cuerda… porque ya no hay nada más que sacar. Sólo los que se aferran a la idea de que haya algo más allá de lo encontrado, sufren. No le pidas a una persona más de lo que tiene para ofrecerte. No puede ser: el amor se apaga, el amigo se aleja, la suerte se pierde a la vuelta de la esquina… No la persigas, déjala ir. Si tiene que volver, volverá por otro camino. Es sencillo, lo único que tienes que hacer es seguir caminando hacia delante, puedes pararte a echar un vistazo al pasado para recordar alguna enseñanza olvidada, pero no te lo quedes mirando. La gente irá y vendrá, mira que no hay personas en el mundo… Hay gente que tan solo entra en tu vida de repente para darte una lección y acto seguido sale de ella, desaparece casi sin dejar rastro… tómate esa lección muy enserio. Imagínate que mañana fuera tu último día, imagínate que mañana ya fuera demasiado tarde… ¿Perdonarías a tus enemigos? ¿Dirías lo que nunca te atreviste a mencionar? ¿Por qué no puede ser ahora el momento adecuado? Y da igual cuán perfecto sea él, no pares a mirar en sus virtudes, sus defectos, los sentimientos que encendía en tu interior… si no te quiere, si el sentimiento se apaga, si todo se acaba de repente un día tan sólo debes pensar que si eso ha pasado, es que no es para ti. Déjalo ir… es mejor… dejarlo ir. ¿Pero y si dejando ir algo que quieres pierdes la oportunidad de volver a traerlo a tu lado? ¿Qué pasa si no se trata de ser fuerte y formar tu propio camino sino de perseguir el camino que llevas soñando tanto tiempo? Improvisemos los pocos minutos que nos quedan en este lugar ¿No es maravillosa esa sensación de saber que puedes cambiar toda la historia con tan sólo un gesto, una palabra… una mirada? Sin embargo yo ahora prefiero perderme entre las copas y las risas de un bar… para olvidarte. Dejemos el resto de la historia en manos del azar.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Principios básicos.

"Principios básicos: Ninguna mujer se despierta por la mañana diciendo “Ojalá hoy no tenga un flechazo”. Bueno, quizá diga “Mmm este no es el mejor momento” o algo así como “necesito un poco de espacio” o, mi frase favorita “ahora estoy muy dedicada a mi carrera”. ¿Tú te lo crees? Ella tampoco. ¿Sabes por qué? Porque te está mintiendo. Por eso. Mintiendo. ¿Está claro? No es que sea un mal momento para ella, no es que necesite espacio, quizá esté dedicada a su carrera, pero lo que realmente dice es “vete de aquí ahora mismo imbécil” o tal vez “esfuérzate más idiota”. Pero, ¿cuál de las dos cosas? El 60% de la comunicación humana no es verbal: el lenguaje corporal. El 30% está en el tono de voz. Eso significa que el 90% de lo que dices no sale de tu boca. Claro que te va a mentir, es una buena persona, no quiere hacerte daño qué te va a decir si ni te conoce, aún. Por suerte resulta que como el resto de los mortales ninguna mujer hermosa sabe lo que quiere hasta que no lo ve. Y ahí es donde entro yo, mi trabajo consiste en abrirle los ojos.
Principios básicos: No importa cuándo, ni cómo, ni quién seas, cualquier hombre es capaz de dar un flechazo a cualquiera mujer si es un buen arquero. No puedes usar lo que no tienes, así que si eres tímido, sé tímido, si eres extrovertido, sé extrovertido. Y por si no fuiste al instituto: que te peguen es buena señal.

¿Y cómo llega el amor verdadero? Nadie lo sabe, pero puedo deciros que sucede de repente, sin más ni más. Vas por ahí, disfrutando de la vida, y de pronto no sabes cómo has podido vivir sin ella. Sólo me hacen falta tres citas, tres citas y te llevaré a esto: A la etapa final de los super-records en la que ocho de cada diez mujeres creen que el primer beso les dirá todo lo que necesitan saber sobre la relación. Después de eso, ya es cosa tuya. Pero recuerda siempre esto: La vida, no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento.

¿Y sabes cuál es tu problema? Eliges según la jugada inmediata, tiras pensando sólo en lo primero que ves, y no siempre en lo que más te conviene a la larga.

Hay gente que piensa que las relaciones sólo son para los que viven esperando que les suceda algo mejor, pero la vida es algo más que observar cómo los demás la viven".
Hitch: Especialista en ligues

sábado, 10 de diciembre de 2011

180º

Me frusta no contentarme con lo que tengo, estas ansias de más y más, de no conformarme. No poder disfrutar con lo que uno tiene simplemente porque está pensando en lo que tienen los demás. Tenemos suerte de tener lo que tenemos, y si los demás consiguen lo que a nosotros nos falta pues... qué suerte. Sigo pensando que cada cosa tiene su momento, lo que no pasa hoy, pasará mañana. Y si te empeñas en ir un paso por delante de lo que te toca, fallas. Seguro que todas las personas se obsesionan con intentar conseguir aquello que quieren en cuanto se dan cuenta de que lo necesitan, pero la cosa no funciona así. Es mucho más bonito, mucho mejor ver que después de esforzarte consigues lo que querías. Es mucho mejor disfrutar, o intentar mejorar lo que uno tiene, y dejar de preguntarse qué pasaría si las cosas fueran de otra manera, si tuviéramos lo que tiene el otro. Las cosas, las situaciones, las personas van y vienen, y lo que en un principio puede parecernos perfecto al final de día puede llegar a convertirse en una especie de laberinto, en una pesadilla, y ya no lo queremos para nosotros. Y más tarde empecé a pensar en las relaciones, en esa estúpida manía de querer ser siempre el más querido por todos. En primer lugar, hay dos tipos de amigos (y siempre será así), los que te quieren más y los que te quieren. Eso no quiere decir que los segundos no te quieran con todo lo que tienen, ni que no se vayan a preocupar cuando lo necesites. En segundo lugar, si todas las personas que conoces te quieren es porque en realidad no te conocen de verdad, todo el mundo es odiado o despreciado por alguien, aunque eso no te convierte necesariamente en una mala persona (aunque hay gente que lleva la maldad en sus genes), es como dos polos opuestos. Hay muchas veces que desearías estar con gente diferente, en un lugar diferente, ¿verdad? y empiezan las quejas. Yo propongo dejar de quejarse e intentar hacer de la situación en la que estás algo lo más cómodo y agradable posible.Podría decirse que todo esto se resume en que si la gente dejara de quejarse y empleara más su energía en sentirse y estar bien con todo aquella persona que le rodean, nos ahorraríamos muchos problemas.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Oh dear, you look so lost.

Cuántas cosas han cambiado: los lugares, las personas, incluso los sentimientos. Antes todo estaba muy claro, todos éramos uno, no cabía pensar en la individualidad, en el futuro, en lo que se aproximaba. Pero ahora todo es distinto, a medida que avanza el tiempo todos crecemos, avanzamos, vamos creando nuestro propio camino y soltándonos de todo lo demás. A algunos les da miedo pensar que las cosas puedan cambiar, porque no sabes lo que te espera ahí afuera, no sabes si te irá bien o si por el contrario llegará un punto en que todo tu mundo se derrumbe y ya no sepas cómo seguir.

Yo hace tiempo que me he salido de mi camino, busco lugares nuevos, emociones distintas, gente diferente, y mientras rebusco en la basura lo poco que queda de tu cariño. No entiendo la vida. Siempre he pensado que todo estaba escrito, que la vida era como un libro de “Elige tu propia aventura”, pero que al final todo el mundo encontraría un camino bueno para seguir y ser feliz. Pero ahora ya no sé de qué va todo esto, si las casualidades existen o si esto todo es cuestión del azar y de un poco de suerte… de estar en el lugar correcto, en el tiempo correcto, con la gente correcta; si existen las medias naranjas o si por el contrario debería intentar ser mi propia naranja entera… así todo sería más fácil en cierto modo.

Es hora de empezar a definirse, de encontrar lo que de verdad te apasiona, de aprovechar ahora antes de que cada uno vaya definitivamente por su camino, de no tener miedo a lo nuevo y de arriesgarse a alcanzar otros horizontes, de pensar cada uno un poco más en sí mismo y no en lo que vayan a pensar los demás, hay cosas que hay que hacer aunque estén mal simplemente porque tienes que hacerlas, porque tienes que hacerlas por ti mismo, porque sabes que lo necesitas, y no necesitas justificarte ante nadie.

¿Acaso soy la única que se siente perdida? Me siento como si quisiera mantener demasiadas cosas cerca de mí, a demasiadas personas, y se me escapan de las manos, no puedo abarcarlas a todas. Sé que tarde o temprano tendré que dejar ir a alguien, que quizás sea mejor dejarlo ir, pero no soporto la idea de alejarme de quien fue para mí tan importante en el pasado. No soporto que las relaciones cambien (a no ser que sea un cambio a mejor).
De todas formas siempre he creído que si haces algo mal, si haces daño a alguien la vida te devolverá el golpe que ha recibido esa persona, te devolverá el error que has cometido; de una forma u otra, es inevitable. No se trata de hacer siempre buenas acciones ni tratar a todo el mundo como si fuera porcelana, porque a veces es necesario hacer daño… Opino que si tú te sientes bien contigo mismo, si te sientes bien con lo que te rodea, la vida te brindará nuevas y buenas oportunidades. Si por el contrario sientes que ya nada puede ir peor, que la vida es una mierda pues ahí es cuando te sorprendes y efectivamente aparece una desgracia detrás de otra. Es como si las personas fuéramos imanes capaces de atraer lo positivo o lo negativo de la vida según nuestra actitud ante ellas.

Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida, sin esperar a que estuviera preparada, sin preguntar, me arrebata personas que jamás pensé que me abandonarían, me sitúa en medio de un montón de extraños, me revuelve las ideas y me venda los ojos dejándome en mitad de un mundo que no comprendo. Sólo espero que al final todo acabe en su sitio, que encuentre mi lugar, que esté con las personas a las que quiero, y que me quieren, porque en el fondo todo lo demás sobra. Espero que mi tren encuentre pronto la vía correcta, aunque sé que el camino no va a ser exactamente sencillo, todo se complica cada vez más y más… Sé que habrá baches, que no siempre la vida será dulce, pero al final todo esto merecerá la pena.
Mientras espero tirada en medio de la nada, esperando que alguien me rescate, que algo me saque de este lugar; aunque quizás ya va siendo hora de dejar de esperar a dios-sabe-qué y ser yo misma quien me saque de aquí.